El foco

 El origen de la bombilla sin antes conocer un poco el de la electricidad. La palabra electricidad es griega: del término elektron=ámbar. De hecho, el filósofo Tales de Mileto describió (624 a.C - 546 a.C) en el 600 a.C. el poder electrostático de un trozo de resina fósil que se trajo de las orillas del Báltico, el ámbar. También las civilizaciones hindúes antiguas experimentaron que calentando cierto tipo de ciristal se podía atraer hacia ellos las cenizas calientes.



La electricidad es una forma de energía tan asombrosa y rica que un gramo de material y rica que un gramo de material al que se le sacara el potencial energético que encierra, podría mantener encendida una casa con diez bombillas de cien vatios cada una durante tres mil años. 

La primera máquina que produjo una chispa eléctrica la creó en el siglo XVII Otto von Guericke (1602 – 1686): era un globo giratorio de azufre sobre el que una persona apoyaba su mano para producir un frotamiento.

El primero en utilizar esta fabulosa energía fue el italiano Alejandro Volta (1745 – 1827), a quien Napoleón había encargado en 1801 hacer una demostración de su famosa pila, primera fuente continua de energía eléctrica de la historia.

Veinte años después el británico Michael Faraday (1791 – 1867) ponía en marcha el primer motor eléctrico. Este mismo personaje inventó la dinamo o generador de electricidad, y el transformador para modificar el voltaje en 1831.

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