Las herramientas

Los historiadores de la tecnología han establecido con precisión el origen de la máquina herramienta: en general hay consenso para considerar que la primera de la historia fue el torno inventado en 1751 por Jacques de Vauccaanson, un ingeniero e inventor fránces al que también se acredita como el inventor del primer robot  y del primer telar completamente automatizado. El torno de Vacauson merece la calificación de primera máquina herramienta de la historia por ser el primero que incorcoporó el instrumento de corte en una cabeza ajustable mecánicamente, quitándolo de las manos del operario.



La fecha de creación de la primera herramienta manual es mucho más incierta, pues se pierde en la noche  de los tiempos:  en algún momento del neolítico, cuando a alguien se le ocurrió utilizar una piedra pesada para afilar y dar forma, a golpes, a una piedra de sílex, nació el mazo, la herramienta manual básica, que utiliza el mecanismo manual más primario: el golpe vertical.


A las herramientas basadas en el golpe vertical se las denomina herramientas de la primera familia. La maza (un taco de madera o una piedra aplicados al extremo de un mango) y la clava son los representantes más antiguos de esta primera familia, a partir de las cuales, por evolución, llegamos a los diferentes tipos de martillo. La aplicación de la energía mecánica supone el siguiente salto evolutivo: las herramientas de percusión, como el martillo neumático.

Después vienen las herramientas de la segunda familia, cuyos representantes más arcanos son el punzón y la aguja. Son las herramientas de corte. El punzón y la aguja evolucionaron hacia el cuchillo, que evolucionó hacia las armas de corte (espadas, puñales, floretes, etc.). En el campo más específico de las herramientas, el cuchillo está en la génesis de las tijeras (una combinación de dos cuchillos) y, aplicándole unos dientes al filo, que aumentaban su capacidad de penetración en el corte, llegamos a las sierras.

La tercera familia la constituyen las herramientas de palanca. La palanca es la más simple de las máquinas, y su origen también se sitúa en algún momento de la prehistoria, pero su empleo cotidiano, en forma de cigüeñal, está documentado desde el tercer milenio antes de cristo, en sellos cilíndricos hallados en Mesopotamia, aunque el texto más antiguo que se conserva con una mención a la palanca se encuentra dentro de ‘La Sinagoga’ o ‘Colección matemática’, una obra en ocho volúmenes escrita por Pappus de Alejandría alrededor del año 340, que contiene la famosa cita de Arquímedes de Siracusa “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Arquímedes, por cierto, también fue el inventor del tornillo.

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